El caos en la Secretaría de Seguridad Pública Estatal (SSPE) no da tregua. Los policías asignados a distintas subsecretarías han sido comisionados de manera repentina a Juárez, sin previo aviso formal y solo con la orden de Luis Aguirre, subsecretario del Estado Mayor. Este cambio abrupto ha generado una sensación de incertidumbre y molestia entre el personal, que se ve despojado de su función y sin rumbo claro.
Uno de los aspectos más preocupantes es la falta de consideración hacia las policías embarazadas, quienes, según la orden, deben portar chalecos y armas sin importar el riesgo que esto representa para su salud y la de sus bebés. La negativa de la subsecretaria Rosa Isela Gaytán a excusarlas, pese a su condición, refleja una falta de empatía y visión humana hacia los miembros de la corporación.
A la frustración se le suma la falta de dirección. Los oficiales comisionados a Juárez fueron informados que la tarea era una “entrevista” y, en lugar de asignarles funciones claras, los mantienen inactivos en las instalaciones de la policía en Sanders. ¿Acaso esto es parte de una estrategia o simplemente son excusas vacías?
Lo más grave es el ambiente de desconfianza que reina en la SSPE, alimentado por la gestión desorganizada y los constantes desaciertos de figuras como Rosa Isela Gaytán. La crisis no solo es operativa, sino también de liderazgo. Los policías exigen respuestas claras sobre sus tareas y una estructura que no dependa de improvisaciones.
Es hora de que las autoridades tomen cartas en el asunto, pongan un alto a las decisiones erráticas y muestren que realmente están comprometidos con la seguridad y bienestar de los oficiales que, a pesar de las adversidades, siguen firmes en su labor.